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Discurso del profesor Héctor Vega León

Discurso del profesor Héctor Vega León

Con motivo de la presentación del libro: “Matrimonio, Divorcio y Recasamiento”,  ceremonia llevada a cabo en el Salón Consistorial de la Noble ciudad de Huamanga.  Resumen editado:

El contexto en el que vivimos y el libro.-

La globalización del capitalismo, desde los centros del poder económico mundial, es el escenario en el que vivimos. Se trata de una sociedad que nos impone formas de vida privilegiando lo efímero y sacrificando lo permanente; exaltando la tecnología y la productividad y profanando la dignidad del ser humano.

Este nuevo orden social pretende reducir al matrimonio a un simple contrato, un sainete que privilegia la cultura del éxito y lleva al relativismo ético y a la permisividad.

Para no caer en la cultura de la neutralidad, se requiere de la luz de los Evangelios; y precisamente hoy, estamos ante un libro de origen divino puesto en lenguaje humano, que busca proteger la estabilidad del matrimonio y con él, la salud de la familia y de la sociedad.

Naturaleza espiritual del matrimonio.-

Necesitamos saber qué es el matrimonio a nivel conceptual para administrarlo mejor a nivel factual. ¿Qué es, pues, el matrimonio? ¿Una licencia a la lujuria? ¿Una piedra atada al cuello? ¿Un contrato legal que se puede deshacer con otro contrato? En realidad, el matrimonio es una relación de intimidad, porque en el abrazo sexual hay algo más profundo que el simple acto biológico; es una relación de exclusividad, de un solo hombre para una sola mujer y de una sola mujer para un solo hombre; y es también una relación de perennidad, porque no está a merced de los depredadores del sexo, de la fortuna, del mal carácter o de las intromisiones luciferinas, habida cuenta que en su naturaleza más íntima y cristalina, el matrimonio no alude a su unidad jurídica, social o corporal sino a su unidad espiritual; porque cuando dos cuerpos se unen, es fácil separarlos, pero cuando dos espíritus se unen, ya no se pueden separar. Esta es la quinta esencia de su indisolubilidad.

Propósito del matrimonio.-

¿Con qué finalidad se fundó el matrimonio? Con el fin de fomentar el amor; así de sencillo y así de humilde. Si se aman, ¡qué ricos los pobres!; si no se aman, ¡qué pobres los ricos!

Sin amor, el matrimonio es una farsa, un sainete, una fanfarria; por eso, la persona orgullosa que no perdona ni pide perdón; la persona egoísta que carece de un ideal y sólo busca usufructuar al cónyuge; la persona que se deja engolfar por el afán y la ansiedad, que focaliza la mente en lo que no tiene y no ve lo que tiene; la persona feminista y/o machista que revela una terrible atrofia espiritual, se constituye a la larga o a la corta, en la causa de su propia destrucción y del naufragio de su matrimonio.

Un matrimonio sin amor, es como una pequeña embarcación en alta mar sin carta de navegación ni puerto de llegada; pero un matrimonio con un hombre que ama a su esposa como Cristo ama a su Iglesia, y con una mujer que reverencia a su esposo como la Iglesia reverencia a Jesucristo, sabrá mantenerse a buen recaudo tanto en la calma de los goces como en la tempestad de las penas.

He aquí, pues, ante nosotros, un libro de origen divino puesto en lenguaje humano. Felicitaciones a su autor y muchas gracias.

Héctor Vega León.
Catedrático.
Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga, Ayacucho.

Soy el cantor de América, autóctono y salvaje.

Soy el cantor de América, autóctono y salvaje.

soy el cantor de america

Soy el cantor de América, autóctono y salvaje.
Mi lira tiene un alma, mi canto un ideal.

Que la tierra se vaya haciendo camino ante tus pasos, que el viento sople siempre a tus espaldas, que el sol brille cálido sobre tu cara. Que la lluvia caiga suavemente sobre tus campos y, hasta tanto volvamos a encontrarnos, que Dios te lleve en la palma de su mano.

No os maravillèis de esto; porque vendrà hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrecciòn de condenación. (San Juan 5:28-29).