La vida es comparable a un antiguo alcázar señorial

La vida es comparable a un antiguo alcázar señorial

La vida es comparable a un antiguo alcázar señorial
La vida es comparable a un antiguo alcázar señorial

La vida es comparable a un antiguo alcázar señorial. Tiene sus torres bañadas de luz y sus sótanos sumergidos en tinieblas. Ya se goza en las alturas de los esplendores matinales, de las vistas preciosas, de los aires tonificantes; ya se ve anegado en la negrura de abajo, donde se sufre y desespera, pero esté uno extasiado en el mirador o sofocándose en un calabozo, no le anda lejos un corazón amistoso.

No hace falta sino un suspiro por paz y pureza, una confesión balbuceante pero sincera de haber pecado contra la virtud, una plegaria agónica en demanda de nuevas fuerzas, para que el corazón amistoso y fraternal que late eternamente al compás del dolor, inunde con luz el calabozo del corazón, introduciendo en él la atmósfera amistosa del hogar.

El mundo moral está constituido de tal manera, que ningún sollozo de corazón quebrado y anhelante se pierde en el vacío. Despertará siempre un eco en el infinito Corazón de Amigo que pulsa tras la cortina de nuestra incredulidad, ansioso de descorrer el velo divisor para enriquecer nuestra vida. El sentimiento de esta Presencia, tan amistosa y soberana, nos da, paz en la guerra y confianza en el destino. La lucha por el perfeccionamiento personal y del mundo no será vana ni la victoria incierta, porque la última realidad es santa y paternal.

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